Es plena satisfacción y placer de la vida humana. Para muchos sistemas morales, la finalidad de la ética consiste precisamente en alcanzar la felicidad.Esto, que parece una cuestión evidente, se complica, sin embargo, cuándo nos preguntamos en qué consiste precisamente la felicidad.La felicidad puede entenderse de muchos modos; de ahí que todos los sistemas éticos eudemonistas deban justificar su concepción de la felicidad y no sólo proponer que el fin del ser humano es alcanzarla.

En este punto, sin embargo, topamos con el subjetivismo: lo que para una persona representa una vida feliz, para otra, en cambio, no deja de ser una vida incompleta e insatisfactoria. Ese subjetivismo puede apreciarse fácilmente a lo largo de la historia de la ética: para Aristóteles, la felicidad consiste en el ejercicio de la vida contemplativa; para los epicúreos en la búsqueda del placer moderado y en la ausencia del dolor; para los estoicos, en la ataraxia; para la moral cristiana en el vivir de acuerdo con los mandamientos divinos…

Con respecto a esta cuestión, el utilitarismo propuso un criterio para alcanzar algún grado de objetividad: lo bueno es aquello que haga felices,para el mayor número posible de personas.

Sin embargo, las éticas eudemonistas siguen careciendo de unas teorías que justifiquen una felicidad universal, esto es, válida para todos los seres humanos, en cualquier tiempo y en cualquier lugar. De ahí que hayan sido sustituidas en los últimos siglos por otros modelos de sistemas éticos, como son las Éticas formales o la ética de los valores.

Juan Antonio Membrives

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